jueves, 21 de marzo de 2013

¿Comunista? ¿ Monárquico? ¿Republicano? ¿Qué era Picasso?


Picasso disfrutaba respondiendo descaradamente a este tipo de preguntas formuladas a quemarropa y desprovistas de un contexto significativo.

Generalmente se considera que Picasso era apolítico en tanto que rara vez o casi nunca dejó que la política se infiltrara en su arte. El artista se declaraba pacifista y comunista y español, se afilió al partido comunista al igual que otros compañeros artistas y una vez cuando al preguntársele cuál era su posición, declaró que era monárquico, porque España era una monarquía, y que si España fuera una república él sería republicano. Todo aquel que mantenía una discusión con él advertía al momento su agilidad mental y su negativa a dejarse arrinconar o a tener que expresar su conformidad con ideas que no eran las suyas.


Sus respuestas no se deben tomar en sentido literal. Muchas de las declaraciones que se consideran evasivas o intencionadamente engañosas eran sencillamente respuestas espontáneas o descaradas a preguntas de sondeo o imposibles de contestar.

Hasta 1936 a pesar de los estrechos contactos que mantenía con su país de origen, nunca se definió públicamente en torno a las circunstancias que condujeron a la guerra civil. Picasso  había hecho gala más bien de apoliticismo y desde luego parecía haberse desentendido, en su exilio voluntario y dorado, de lo que sucedía más abajo de los Pirineos. Incluso durante la confusa agonía de los primeros días, cuando fueron asesinados tantos seres inocentes, llevó adelante sus planes de tomarse unas vacaciones. 

Las biografías de sus amigos contienen opiniones contradictorias acerca del alcance de sus ideas políticas. D. H. Kahnweiler, su amigo y marchante durante mucho tiempo, declaró a menudo que Picasso era el hombre más apolítico que había conocido. De acuerdo con Christian Zervos, Picasso se mantuvo durante mucho tiempo indeciso ante los acontecimientos de su patria mientras estaba en Francia.

De acuerdo con una observación de Gertrude Stein, citada a menudo, a Picasso no le preocupaban tanto los acontecimientos como el hecho de que éstos se hubieran producido en España. En sus declaraciones y en su producción artística anterior a la guerra civil española no hay apenas indicios de una especial preocupación por las dramáticas luchas políticas que tenían lugar en su patria. Calificar la obra de El Guernica como una obra política sería limitar su significado. Picasso detestaba los encargos  pero al final aceptó. Más allá de una simple protesta El Guernica es una obra que capta el horror y la barbarie de la guerra, un tema atemporal y universal. Este punto de vista lo podemos corroborar con una entrevista en una exposición de carteles de Nueva York sobre la guerra civil española Picasso declaraba lo siguiente:

“La guerra de España es la batalla presentada por la reacción contra el pueblo, contra la libertad. Toda mi vida como artista no ha sido otra cosa más que una lucha continua contra la reacción y la muerte del arte. ¿Cómo podría pensar nadie ni siquiera por un momento que yo pudiera estar de acuerdo con la reacción y la muerte?... En el mural en el que estoy trabajando y al que llamaré Guernica, y en todas mis obras recientes, expreso con claridad mi aborrecimiento hacia la casta militar que ha sumido a España en un océano de dolor y de muerte”.
Picasso en el proceso de creación de El Guernica


La obra de Picasso cumpliría sólo a medias su finalidad propagandística. Pues lo que aquí olvidamos es que el arte es estrictamente un asunto de experiencia, no de principios, de ahí que muchos artistas e intelectuales de avanzada exigían que el  artista, siguiendo libremente su propio espíritu radical, tomase parte en la transformación dinámica de la sociedad aunque ello implique hacer un arte de difícil lectura o, incluso, abstracto. Según esto, El Guernica, por lo demás síntesis de distintos estilos, más allá de la simple protesta, habría que valorarlo como símbolo de la cultura que se opone a la violencia, o lo que es lo mismo, aboga por la creación artística frente a la guerra que todo lo destruye.
Quizá así pueda explicarse la aparente contradicción entre su compromiso político y el modo de plasmarlo en el arte, pues por encima de todas las cosas lo que el artista defiende es su propia libertad interior, al considerar que su búsqueda estética es algo que sólo a él le atañe, y le exige ser coherente con el camino emprendido.
Esto explica que, años después, a la pregunta de Secker, de por qué pintaba de un modo tan difícil de comprender para la gente, Picasso respondiera, zanjando de una vez por todas este juego ambiguo entre arte y política:
“Pinto así porque mi pintura es fruto de mi pensamiento. He trabajado durante años para obtener este resultado y si diese un paso atrás sería una ofensa al pueblo, porque lo que hago es coherente con mi pensamiento. No puedo emplear recursos convencionales sólo para darme la satisfacción de ser comprendido. No quiero descender a un nivel inferior.”


                                                 Una de las geniales fotografías realizadas por David Douglas Duncan al artista
 
Bibliografía consultada:

ARIAS SERRANO, L., "La guerra civil española como catalizador del pensamiento polñitico de Picasso. Miró y Dalí", Anales de Historia del arte, Madrid, 2010.

CALVO SERRALLER, F. El Guernica de Picasso. Ed. Tf, Madrid, 1999.

VV.AA.Todo Picasso. El mayor genio español del siglo. Ed. Unidad, Madrid, 2001.

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