viernes, 26 de abril de 2013

La iluminación del cuadro: la bombilla y la lámpara


¡Buenas noches picassian@s! Continuamos con el análisis pormenorizado de cada uno de los elementos que conforman el cuadro.

La luz emerge en el cuadro a través de dos elementos. La bombilla que aparece como el centro de un ojo que preside la escena y la ilumina. Y, también, aparece nítida la imagen de una lámpara con la que una de las mujeres alumbra la escena y la ilumina en la que súbitamente irrumpe.
Recogemos algunas de las interpretaciones que se han dado entorno a estos dos elementos.




La bombilla eléctrica con la tulipa, que hay en la parte superior, encima de la cabeza del caballo. No es un elemento de mero adorno o anecdótico, sino parte importante de la alegoría creada por Picasso. El artista recurre al mundo de la mitología y nos da una nueva versión de Helios, caracterizado como un joven en la plenitud de su virilidad y dotado de gran belleza. Helios, según la fábula clásica, recorría todos los días el cielo en un carro tirado por corceles velocísimos, cuyos nombres llevaban en sí la idea de fuego o luz. La bella personificación de ese daimón celeste Picasso la redujo a la bombilla con tulipa, aunque está decorada con unos picos como evocación de la corona radiada que llevó aquél sobre su cabeza.

Este elemento, aparentemente secundario, da la clave del conjunto creado por Picasso; pese a la obscuridad del espacio plástico, él ilumina simbólicamente a los elementos restantes y señala al mismo tiempo la sacralidad del universo alegórico.

En lo relativo al significado iconológico de este elemento, Helios es el centro simbólico de un universo sacralizado, en cuyo ámbito Picasso desarrolló una historia de su personal interpretación de la mitología acerca de la inmortalidad del Arte y de la Belleza.

 
 
                           Helios, metopa del Templo de Atenea, Museo de Pérgamo (Berlín).

Pero contamos con otra significación: la luz que ilumina desde lo alto parece una lámpara eléctrica porque en ella se puede percibir una bombilla. Pero, la forma de la misma, debido a la perspectiva cubista adopta la forma de un ojo con su pupila. Se trataría del lumínico ojo de Dios en el que se pueden percibir rayos de luz y rayos de oscuridad.  Este autor llevaba a cabo un análisis iconológico, se trata de un ojo frío  de un destello fotográfico que detiene y congela con sus helados rayos la escena del desastre aprisionándola en el interior de la geométrica disposición de los cristales de hielo cubistas. El Dios moral, en su providencia, se ha dado muerte en la prematura muerte del Redentor. Su luz mecánica y calculada ha irrumpido en forma de estallido mezclando en un solo instante el Principio o Natividad y el Final o Piedad. No habrá Resurrección, pues ésta es el resultado de una fe que no se ha podido predicar. 



Por último, una tercera interpretación, dice que se asemeja a un  gran sol con sus rayos expandidos, pero Picasso ha querido dejar claro que se trata de una lámpara al colocar una gran bombilla con sus filamentos bien visibles. De esta manera contribuye a crear la confusión sobre si la escena se desarrolla en un interior o en un exterior, aspecto que nunca queda claro en el cuadro.

El segundo elemento a través del cual se introduce la luz en el cuadro es la  lámpara Siguiendo la iconografía del tema de la adoración de los pastores, la lámpara de aceite con su estela, que puede ser el brazo del Ángel que indica la dirección en la que el pastor encontrara el acontecimiento. También puede ser esa estrella que guía a los magos y que acaba posándose sobre el Nacimiento. Este elemento es ambivalente, pues su luz ilumina lo que ya está iluminado convirtiendo a la luz misma en algo superfluo. Bien puede tratarse de una luz de la razón humana mermada por la potencia luminosa y oscura, al tiempo, de una divinidad inmoral que estalla poderosamente en lo alto del cuadro.



Por su parte,  Joaquín de La Puente habla de la contraposición que se da entre estos dos focos de iluminación. El de la luz humanizada, primigenia y caseramente sometida para la convivencia- la del quinqué (lámpara)-; y el de la luminaria altamente tecnológica que no parece gran cosa y que, sin embargo, deberá meditarse  mucho; que desde su realidad técnica, cualquiera sabe adónde puede llegar a parar- la de la bombilla que por encima de todos ya está-.



Bibliografía utilizada:

ALIX , J. Guernica: guía informativa, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1997.

CALVO SERRALLER, F. El Guernica de Picasso, T.F, Madrid, 1999.

DE LA PUENTE, J. El Guernica: historia de un cuadro, Sílex, Madrid, 2008.

LARREA, J. Guernica: Pablo Picasso, Cuadernos para el Diálogo, 1977, Barcelona.

SEBASTIÁN LÓPEZ, S. El “Guernica” y otras obras de Picasso: contexto iconográficos, Universidad de Murcia, Murcia, 1984.

SOLSONA QUILIS, H. Teología del Guernica, “El Guernica de Picasso como primer cuadro de la muerte de Dios”.







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